Semblanza Misional del Venerable Padre Antonio Margil de Jesús, 1657-1726

I. Nacimiento y patria. Vocación religiosa. Estudios y ordenación sacerdotal

Entre los innumerables compañeros e hijos espirituales más aventajados del venerable Padre Antonio Llinás y Massanet, Misionero Apostólico y Fundador de los Colegios de Propaganda Fide en España y América durante el reinado de don Carlos II, aparece como astro de primera magnitud la figura del venerable P. Antonio Margil de Jesús, gloria insigne de la Seráfica Orden de nuestro Padre San Francisco y de las Misiones Católicas por ella promovidas y sustentadas en el vasto virreinato de Méjico, de las cuales fue miembro activísimo durante el curso de 43 años continuados.

Reproduce y compendia en sí mismo el Padre Margil los héroes más grandes y famosos de la imponderable leyenda seráfico-franciscana, antigua y moderna. Por su profunda humildad, desprendimiento de lo creado y abnegación propia, es un vivo y perfecto retrato de nuestro Padre San Francisco de Asís; por sus prodigios y milagros de toda especie, se parece mucho al glorioso San Antonio de Padua: por la ingenua amabilidad de su persona y la dulzura de su trato, puede alternar con el doctor San Buenaventura; por el celo de la gloria de Dios y de la eterna salvación de las almas viadoras, es un remedo de San Juan de Capistrano; por su ardiente y acendrado amor a Jesús, deseos de su mayor engrandecimiento y de la glorificación de su Nombre sobre la universa tierra, va del brazo de San Bernardino de Sena y del Padre Jácome de la Marca; por sus incendios amorosos, raptos y éxtasis sobrenaturales, es una copia exacta del Beato Nicolás Factor, su compatricio y hermano de hábito, y por sus largas, penosas y arriesgadas correrías apostólicas detrás de las ovejas que se extraviaron y perecieron de la casa de Israel para domeñarlas y reducirlas al redil de la santa Iglesia, es émulo digno del venerable Padre Antonio Llinás, su maestro y ejemplar.

a

Hacemos aquí este compendioso extracto de su larga y laboriosa vida misional franciscana en las Indias españolas, para estímulo, aliento espiritual y consigna gloriosa de tantos otros hermanos nuestros que dentro y fuera de España llevan sobre sí el enorme peso de semejantes misiones, ordenadas en todas partes a la mayor gloria de Dios y a la salvación eterna de las almas que tan a costa suya redimió Nuestro Señor Jesucristo con el precio infinito de su sangre; cuando por todos los hombres padeció y murió en el monte Calvario.

Durante el pontificado de Alejandro VII en la Iglesia de Dios, y del reinado de Felipe IV en España y sus Indias, vino felizmente al mundo el Venerable Padre Antonio Margil de Jesús, naciendo en la muy ilustre y coronada ciudad de Valencia el día 18 de Agosto de 1657. Fueron sus padres los afortunados consortes Juan Margil y Esperanza Ros; católicos ambos entusiastas y de predicamentos, sociales muy excelentes por la bondad y tersura de su carácter. No anduvieron muy sobrados de riquezas materiales, pero tuvieron siempre con holgura, dentro de su estado de pobreza, todo lo que se reputa necesario para la vida humana.

Recibió el niño Antonio las aguas saludables del bautismo cristiano en la parroquial iglesia de los Santos Juanes de dicha ciudad —más conocida en Valencia con el nombre de la Parroquia de San Juan del Mercado— dos días después ds su venturoso nacimiento; Sacáronle de pila los padrinos Antonio Fradela y Paula Castillo, dando entonces al bautizado los nombres de Agapito, Luis, Paulino v Antonio. Pero con sólo el nombre de Antonio vivió después en el siglo y en la religión, con él murió cerca del año septuagésimo de su edad en las Misiones Católicas de ultramar y con él ha pasado a las historias profanas y eclesiásticas, colmado de sus merecimientos personales y de las bendiciones de todos los que le conocieron sobre la tierra, de todos los que le trataron familiarmente en la presente vida y de todos los que se han considerado favorecidos por él antes o después de su cristiana, feliz y santa muerte, que son innumerables.

a

Mapa de los viajes misionales del Venerable P. Antonio Margil de Jesús por Centroamérica y Texas (de la web Pregunta santoral)

Por su carácter formal, circunspecto y bondadoso, puede asegurarse que el Padre Margil nunca fue niño al modo de los demás mortales. Tampoco se juntaba de su propia voluntad con ¡os otros niños, aunque fuesen de su edad y condición social, sólo para solazarse y entretenerse con ellos, participar de sus inocentes alegrías infantiles o tomar parte interesada en sus juegos, por más que fuesen todos honestos. La apacible soledad de su estancia, la compañía de su buena y santa madre, la escuela y el templo del Señor, eran para él los castos amores que más le deleitaban y atraían, tanto antes como después de haber llegado a los años de su discreción normal. Por su cuerpo parecía en casa un niño, pero por su espíritu era va un hombre.

Con estas hermosas cualidades, su docilidad a la gracia que le prevenía y acompañaba en todos sus actos, el constante magisterio de la madre que lo tenía consagrado a Dios y para Dios lo criaba y educaba, su continua abstracción de criaturas que pudieran inducirle al mal, su decidida aplicación al estudio de los libros y a los ejercicios de una sólida piedad, su mucha caridad con los niños pobres, a quienes buscaba para repartirles sus almuerzos, sus largas oraciones en casa y en la iglesia, sus ayunos y mortificaciones voluntarias, su celo por la gloria de Dios y el bien espiritual y moral de los prójimos, despertaron pronto y desarrollaron a toda prisa en su tierno corazón los hábitos de virtud, de perfección y de santidad de que dio después tan claros y deslumbrantes ejemplos durante toda su vida de estudiante, de novicio franciscano, de religioso profeso y de misionero católico y apostólico en las Indias españolas del Nuevo Mundo, que recorrió a pie descalzo en cas¡toda su extensión mejicana.

Antes de los dieciséis años de su edad, día 22 de Abril del año 1673, con singular gozo suyo, de su santa madre y de los religiosos que le conocían y apreciaban por sus virtudes, ingresó en el noviciado del convento de La Corona, que era entonces, de la Seráfica Provincia de los Franciscanos Recoletos de Valencia, edificado dentro de los muros de esta misma ciudad, en un barrio extremo y solitario de ella cercano al río Turia. Aquí le vistió el hábito del Padre San Francisco el Padre José Salelles, Guardián del expresado convento, y bajo la prudente y sabia dirección del Padre Francisco Ordano, que fue su maestro de novicios, se dispuso Antonio convenientemente para la profesión religiosa, que hizo en manos del referido Padre Guardián, día 25 de Abril del año 1674, festividad del apóstol San Marcos, antes de cumplir sus diecisiete años de edad.

Progresando siempre en las virtudes religiosas más propias de su estado, una vez ya profeso corista, pasó a cursar la Filosofía en el convento de San Antonio de Denia, donde permaneció laudatoriamente los tres años del curso completo. Desde Denia regresó al convento de La Corona para los estudios de la Sagrada Teología, dando siempre buena cuenta de sí mismo y de sus facultades intelectuales, que le permitían ser en todo caso de los primeros estudiantes coristas, por su grande virtud y constante aplicación a las ciencias eclesiásticas.

Entusiasta devoto de Jesús sacramentado, el lugar preferido para sus estudios era la capilla de este augusto Sacramento, a quien adoraba de continuo y con quien consultaba sus dudas de aplicado y fervoroso estudiante. Una segunda intención le conducía, además, a este lugar santo para el estudio de sus lecciones académicas durante la noche y de madrugada. Su amor a la santa pobreza, que él había profesado y que estimaba de corazón, halló un sedante maravilloso en la luz de la lámpara bendita. Teniendo esta luz tan cerca de su amado Jesús, le fue posible ahorrarse en absoluto la que de otra modo hubiera necesitado en el retiro de su celda. De estudiante descubrió también el secreto de continuar en gran parte sus devociones del noviciado y las obras de misericordia en favor de otros religiosos necesitados en su propia Comunidad. Se ejercitaba en tantos menesteres de sus hermanos de hábito y lavaba por sí mismo tanta ropa sólo por devoción y humildad seráfica, que emulaba a los legos de profesión, y para algunos que le observaban siempre atareado en los servicios domésticos, se hacía sospechoso de mal estudiante.

Durante el curso de Teología, recibió las órdenes menores, el subdiaconado y el diaconado, v concluido ya este curso, apenas entrado en el año 24 de su edad, fue ordenado sacerdote y destinado al convento de Santa Catalina de Onda. Desde aquí pasó otra vez al de San Antonio de Denia, y en ambos conventos dio pruebas convincentes de que poseía dotes excepcionales para el púlpito y para el confesonario. A él venían las gentes de muchos pueblos comarcanos para oírle, para confesarle sus pecados y para confiarle la dirección de sus almas. Le experimentaban todos tan bondadoso en su trato, tan sagaz en los asuntos del espíritu, tan celoso de la gloria de Dios y tan diligente en todas las demandas de sus prójimos, que una vez ya conocido a él después acudían como forzados por una secreta necesidad interior que los impulsaba a buscarle de nuevo y a sujetarse en todo a la dirección espiritual de este gran maestro y fiel siervo de Dios.

Fr. Francisco Lliteras, ofm

Fortaleza de la fe

A m¡amigo Antonio Tauste Ortega

Como trombas de horrores, en la vida
desencadenan nubes de desgracia,
queriendo destrozar, ciegas, sin freno,
las fértiles campiñas de las almas.

¿A dónde vas, maldita, necia nube?
¿Cómo quieres ganarme la batalla?
¿Acaso ignoras que tus truenos mienten
pregonando a los vientos, a mansalva,
el arrojo y poder con que acometes,
tu soberbia, tan torpe y desdichada,
la astucia de tus rayos criminales,
rojos de sangre de ovejuelas mansas?

Acaso ignoras que la fortaleza
que edificó la Fe con sus plegarias
—roca viva las piedras de sus muros—
jamás derribarán impuras aguas?
¿Acaso ignoras que la Fe es divina,
como prenda de Dios mil veces santa?
¿A dónde vas, maldita, necia nube,
con la corte infernal que te acompaña?
¿No ves que m¡castillo está anhelando
altas torres clavar en tus entrañas?
¿No ves que Cristo inspira mis combates
y se goza de verte en retirada,
despavorida huir, llena de horrores,
por caminos sin luces y entre llamas?
¿No ves, en fin, que con tu cruel ataque
consigues dar la muerte a ovejas mansas
que en el collado sorprendidas fueron
cuando más sueltas, ¡ay!, pobres, pastaban?
Huye a morir, que tu destino es ese;
¡negra de horror la faz tienes manchada!
Además m¡castillo está anhelando
altas torres clavar en tus entrañas.

Ya ves s¡tu destino es miserable,
Impiedad orgullosa y desgraciada.
Quieres obrar traidora, ciegamente,
y derruir m¡templo con tus aguas,
sin creer que al quebrar la roca viva
—s¡acaso tu traición logra quebrarla—
tu premio no ha de ser sino ruina:.
¡los despojos de un alma atormentada!

Francisco López Delgado

De las misiones de China

El comunismo en la provincia de Shensi

Antes de hablar sobre el comunismo en esta provincia estratégica, llena de montes en las partes meridional y septentrional, conviene dar algunos datos sobre ella.

Ocupa una superficie de 186.000 kilómetros cuadrados y su población es de 11 millones de habitantes. Es la cuna de la civilización china. Su capital, Sianfu, cuenta con 500.000 habitantes y fue capital de la China durante cuatro dinastías. En el 1900, célebre por la persecución de los Boxers, la Corte fijó allí su sede. Cerca de esta ciudad, en Sejuangti, tuvo lugar la quema de los «Anales del Imperio» (s. III a. de J. C.). En Sianfu se encuentra la famosa lápida de los Nestorianos, perteneciente al s. VIII. Su posición topográfica y central hace que muchos la hayan considerado como modelo de la futura China.

Ya desde antiguo se propagó la fe en esta provincia, que cuenta, en la actualidad, con 70.000 católicos. Poco antes de confiar la Sagrada Congregación la misión de Jenanfu a los franciscanos españoles, éstos desarrollaron sus actividades en las llanuras de Sianfu.

Entre los que dejaron allí glorioso nombre están el Padre Aurelio Máiquez, de la Seráfica Provincia de Valencia, martirizado por los rojos, y el Reverendo Padre Francisco Ormazábal, actual Procurador de las misiones franciscanas en el norte de China, cuya residencia se halla en Tientsin. Fundó éste un colegio de muchachas, el mejor de Sianfu.

La parte de la provincia más castigada por la plaga comunista es la septentrional, encomendada, como queda dicho, a los franciscanos españoles. El Gobierno central ha tomado el asunto en serio y ha enviado varios batallones. S¡bien es verdad que en el centro y sur de la provincia han tenido que
lamentar algunas fechorías de los rojos, sin embargo, el fuego actual de la revolución y la pesadilla de los soldados radica en todo el territorio de nuestro Vicariato; de ahí que me limite especialmente al comunismo de aquí.

Varias han sido las causas que han influido en la propagación de las ideas comunistas:

La primera y principal está en las escuelas medias y normales, que fueron, por algún tiempo, sementeros de comunistas; segunda, la pasividad de las autoridades en castigar los primeros desórdenes comunistas; tercera, las grandes contribuciones impuestas al pueblo; cuarta, la fuerza bruta de los comunistas sobre el pueblo, obligando a los campesinos a engrosar sus filas del modo siguiente: van los propagadores del comunismo a un caserío y fuerzan a todos sus moradores a inscribirse bajo su bandera; s¡alguno se opone a ello le dan un tiro. Los alistados s¡al venir los soldados, no escapan, por el mero hecho de no escapar, los consideran traidores a las nuevas ideas profesadas, y por lo mismo, los matan. Cuando los soldados son pocos y tratan los comunistas de hacerles frente, obligan a los pobres labradores a ir en primera línea y como carecen de armas de fuego, les fuerzan a tomar para su defensa, algún azadón, rastrillo, lanza, etcétera. ¡Las más de las veces estos desgraciados tienen que ser el blanco de los soldados! S¡los rojos dispusieran de abundancia de fusiles ya desde tiempo que se hubieran apoderado de la situación en esta parte norte de la provincia.

Los soldados que han venido para la pacificación del país disponen de buen armamento y están bien instruidos en el ejercicio militar, pero tienen el defecto de que proceden de la llanura y desconocen, por tanto, las estratagemas de los montes. Creían, al llegar, que en unos meses volverían al pueblo la tan deseada paz y creo que aún hay para rato, sobre todo en algunas Prefecturas. La falta de comunicaciones y la abundancia de montes favorecen la posición de los comunistas.

Cuando llegó el general Ko-kui-tse enviado por el Gobierno, salieron todos los principales de Suiteh a recibirlo, y también los misioneros aquí refugiados. A todos nos ofreció gustoso la mano y se mostró muy atento y cortés. Este general es de esta misma región y su división posee una banda militar a la europea. Al llegar comenzó a sonar y yo lo mismo que mis compañeros estábamos que no cabíamos de alegría al oír la banda europea; un servidor hacía tres años que no la había oído y el Padre Berengueres, trece. Cas¡todos los oficiales de esta división han mostrado muchas simpatías con los misioneros. Entre ellos hay varios católicos.

Las varias divisiones que hay para la supresión de los comunistas, trabajaban, al principio, independientemente. Más tarde vino un Delegado especial del Generalísimo para tratar el modo de combatir a los rojos. Unos días después de su llegada reunió a los varios generales para hablar sobre este mismo asunto. Este Delegado es joven y muy adicto a la Iglesia. Esperamos que poco a poco nos traerá la paz. Los soldados empleados en esta campaña son de veinte a treinta mil, los cuales no me parecen muchos s¡se tiene en cuenta que la grande extensión revuelta pasa de 50.000 kilómetros cuadrados con más de tres millones de habitantes.

Otro de los medios que están organizando para acabar con los comunistas es el Pochietuan, especie de milicia popular. A los hombres de buena voluntad se les enseña la instrucción y más tarde se les armará. Este sistema ayudará sobremanera a la campaña anticomunista y después a conservar la paz, como se ha visto en otras provincias, víctimas en otro tiempo, también de los rojos.

Merece la pena de anotarse las atenciones que ha mostrado el Generalísimo Chian-chie-se con los misioneros de este Vicariato; ha enviado un. mandato especial a todos los gobernadores de las Prefecturas para que nos protejan de un modo particular en las actuales circunstancias. El Mandarín o Gobernador de Suitéh vino personalmente a nuestra residencia a comunicarnos el decreto del Generalísimo.

Fr. Fabián Castellá, ofm.

Nuestros difuntos

P. José Pineda Cuello, ofm. In momoriam

P. José Pineda CuelloFalleció en Benisa el pasado 15 de septiembre el P. José Pineda Cuello, ofm., cuando contaba 51 años de edad y 36 después de vestir el hábito.

Nació en la misma villa y era morador de su convento, con los cargos de profesor del Colegio Seráfico y administrador de la casa. Pasó cas¡toda su vida dedicado a la enseñanza, lo mismo en España que en América, donde estuvo 15 años. Fue el primer franciscano de esta Seráfica Provincia que
regentó la cura de almas en la parroquia de San Roque de la ciudad de Villa-Mercedes, en la República Argentina.

En todas partes se mostró como religioso fervoroso y ejemplar, de carácter expansivo y trato amable.

La enfermedad que le ha llevado al sepulcro coincidió precisamente con los mismos días que sus Hermanos de Comunidad se consagraban a la práctica anual de los Ejercicios Espirituales, sirviéndoles de edificación admirar la heroica resignación demostrada por el paciente y la unción y fervor con que recibió los Santos Sacramentos y la recomendación del alma, a petición propia y conservando la lucidez de sus facultades.

A las Reverendas Comunidades del Convento y Colegio Seráfico, como a su desconsolada y octogenaria madre. doña María Cuello, viuda de Pineda, hermanas Antonia y María, hermanos políticos, sobrinos, primos y demás parientes enviamos la expresión de nuestro sentimiento y el alma del finado desde el cielo que ruegue por todos.

P. José Puigcerver Capó, ofm. In memoriam

P. José PuigcerverFalleció también en Benisa, 5 días después el P. José Puigcerver Capó, ofm, el 20 del pasado Septiembre, a los 63 años de edad y 46 de hábito, después de confortado, como buen religioso, a petición propia, con todos los Sacramentos.

El difunto Padre se distinguió por su entereza de carácter y fiel observante de la vida regular, dotes que le hicieron estimable a los ojos de los Superiores para confiarle cargos como los de Maestro de coristas. Guardián y Definidor Provincial. Además, por sus largos años consagrado a la enseñanza de la filosofía ostentaba el título de Lector Jubilado.

Otro aspecto de su vida en que alcanzó singular relieve fue en la práctica de los Ejercicios Espirituales, que daba con fruto por la autoridad de su buen ejemplo.

Ya tiempo que su salud se resentía por agudos y frecuentes ataques de disnea, que le obligaron a renunciar en Marzo último el cargo de Presidente de la Comunidad de religiosos de Cocentaina y retirarse a su pueblo natal para encontrar alivio a su mortal dolencia.

El Señor le haya recibido en su amoroso seno, y al reiterar de nuevo a la atribulada Comunidad del Convento de Benisa nuestro profundo sentimiento, que hacemos extensivo a los familiares del difunto, pedimos a nuestros lectores una oración por el alma del siervo bueno y fiel que ha partido de este mundo a la eternidad.

En Onteniente, Concepción García Laporta, a los 61 años
En Alcoy, Gonzalo Vicéns García, de 65 años, de la VOT, síndico del convento de Agres

Arpegios eucarísticos

Jesús que en el sagrario
solito estás;
s¡m¡amor yo te entrego,
¿sonreirás...?
¿Calmaré tus pesares
y tu aflicción
s¡te rindo a tus plantas
m¡corazón...?

¡Ay!, pero es tan ingrato
y tan infiel,
que yo temo apenarte
aun más con él...
Está lleno de espinas
y de maldad.
¿Cómo, pues,Tú lo quieres
Dios de bondad?

Mas tómalo, no importa;
tuyo es, Señor...
Perdona sus miserias,
dale tu Amor...
Y guárdalo en tu pecho
con tierno afán,
do todas las delicias
de m¡alma están...

Después ya será otro
m¡corazón,
ya te dará en tus penas
consolación...;
y s¡en ese sagrario
solito estás,
él hará que no sufras
n¡llores más...

Jesús Galbis

Bibliografía

Raquel la Betlemita. Novela ¡lustrada de carácter oriental, por el P. León Villuendas Polo, O. F. M.— Apostolado de la Prensa, S. A. Velázquez, 28. 1933. Madrid.

El Apostolado de la Prensa en su Colección Selecta acaba de publicar esta nueva obrita de carácter ameno. Su autor, el Padre León Villuendas, es conocido de nuestros lectores por sus interesantes artículos de Tierra Santa con que ilustra mensualmente las páginas de La Acción Antoniana.

La infatigable pluma del Padre Villuendas encuentra siempre nuevos motivos en el mundo oriental. Su fina intuición y el conocimiento que ha adquirido de la vida de Palestina le ofrecen un asunto interesante, objeto de su última producción literaria. Raquel la Betlemita se presenta bien amable al público español: una joven cristiana palestina, rica en dones naturales y sobrenaturales, cae en poder de un fanático musulmán que se finge ferviente cristiano para realizar sus planes. Después de unos años se cambia la escena y la que había sido esposa mimada, pasa a ser esclava de un harén, condenada a ver escarnecida su idolatrada religión por aquel pérfido musulmán que tan hipócritamente había ocultado su pérfido corazón. Esa es Raquel; y su misión, en la mente del autor, es prevenir a muchas incautas jóvenes cristianas para que no se dejen cazar por tan temibles lobos.

El motivo de ésta novela tiene su interés dramático y el ambiente en que se desenvuelve aumenta su atractivo por los muchos datos que su autor aporta tocante a la vida oriental.

El prólogo del señor Obispo de Tenerife es una buena introducción a la lectura de Raquel, ya que juzga muy útil una novelita como la muestra nacida en el país bíblico.

Biblioteca ligera. Cien opúsculos, por Sarda y Sulvany, Pbro.—Librería y Tipografía Católica, S. A. Barcelona. 1935.

Acaba de publicarse reunida en hermoso tomo, una nueva edición de la Biblioteca Ligera, del doctor Sardá, la cual, no por ser muy conocida deja de ser interesante y de gran oportunidad.

Por los asuntos que trata, por el estilo claro y elegante, por el modo como desarrolla los temas, esta obra resulta da más recomendable para la formación del católico perfecto; es en fin el mejor libro de apologética y ascética popular.

Forma un volumen de 609 páginas, tamaño 14 x 22 centímetros, bien presentado.

El Infierno, s¡lo hay, qué es, modo de evitarlo, por Monseñor de Segur.—Sexta edición. Librería y Tipografía Católica, S. A. Pino, 5. Barcelona. 1934.

Obra de vulgarización, sumamente práctica, con la cual los propagandistas poseerán un elemento importante y eficaz, en su obra de proselitismo, ya que a pesar del tema tratado, el librito es de lectura sumamente amena y agradable por sus numerosas historias y ejemplos.

Exposición y Sermón de San Buenaventura sobre la Regla de los Frailes Menores traducidos por el P. Fr. Carlos García Badía, ofm., y Compendio de la misma Regla, original del mismo traductor. Con las debidas licencias. Pego. 1935. Imprenta Francisco Cuquerella. Mayor, 11.

El Padre García Badía está de continuo pluma en ristre. Enamorado de los escritos de San Buenaventura, no se contentó con traducir el año pasado sus Opúsculos Místicos, que son saboreados con deleite por las almas que aspiran a la perfección, sino que ahora ofrece la Exposición y sermón que el Doctor Seráfico hizo de la Regla Franciscana y anuncia para en breve la Formación de Novicios, sacada de manuscritos originales de dos discípulos del Santo.

Nadie mejor que San Buenaventura conoció el espíritu y la fuerza del ideal de San Francisco y nadie como él pudo exponer y aclarar luminosamente la Regla minorítica que, por su redacción, se presta a diversas interpretaciones. La dio a conocer tal y como la tuvo «n su mente al escribirla el Santo Padre y la vez que la exponía predicó un fervoroso sermón en alabanza y elogio de la misma regla» saliendo al paso de frailes mal intencionados y tendiendo ilustrar a otros sobre los cuatro puntos que ordena la Regla, a saber: respeto de Dios, del mundo, de sí mismo y de sus hermanos.

Todo franciscano debe procurarse este libro; primero, porque el Santo Fundador bendice a todos los que estudian, enseñan, retienen en la memoria y observan su Regla; después, porque San Buenaventura es su mejor y más fiel expositor.

De cosecha propia el Padre García Badía ofrece en este mismo libro un Compendio o comentario original de la Regla Seráfica enumerando los votos, preceptos, libertades y exhortaciones que contiene. Trabajo que consideramos muy útil y provechoso para los novicios en particular y religiosos franciscanos en general.