Índice del número 262

Octubre de 1950. Director: Fr. Pacífico Torres, ofm

¡Todos misioneros!

Entre las obras divinas, dice San Dionisio Areopagita, la más divina es cooperar con Dios a la salvación de las almas; y otro gran doctor de la Iglesia afirma que nada asegura tanto la propia salvación, como ayudar a la salvación de los demás.

S¡del seno del Padre vino al mundo el Divino Sembrador, para esparcir por toda la tierra la semilla de la verdad y el germen de la Vida Divina, es porque Dios desea ardientemente la salvación de los hombres. Esta es su voluntad, y Jesucristo, cumpliéndola, glorificó al Padre, como lo atestigua el Evangelio.

Para continuar y completar la obra divina de la Redención, fundó Jesucristo la Iglesia, encargándola de llevar hasta los últimos confines de la tierra la luz del Evangelio y de mantener viva en los corazones de todos los hombres el anhelo de conocer y amar y servir a Dios en este mundo, para después verle y gozarle en la eternidad.

Muchas son las almas que han sentido en sus fibras más hondas de su ser el apremiante y misterioso llamamiento del Señor, para lanzarse a la conquista del mundo, abrasadas en el celo de la gloria de Dios; mas ante la inmensidad de la mies, que ha de ser cultivada y madurada y segada para los graneros del cielo, el número de operarios dedicados de lleno a tan ardua labor es siempre reducido y escaso...

Por eso es necesario que también nosotros dejemos oír en nuestras almas aquella invitación cordial y efusiva que nos hace el Divino Maestro: "Ite et vos.. Marchad también vosotros a m¡viña"... Marchad con vuestras oraciones y vuestros sacrificios y vuestras limosnas; ofreced las flores de vuestro afecto a los que parten a lejanas playas, para convertirse allá en pescadores de hombres... Acompañad a los misioneros en sus soledades, consoladlos en sus angustias, alentadlos en sus decepciones, fortalecedlos en sus fracasos...

Tal es el abnegado espíritu misional de retaguardia que anhelamos sentir nosotros y que ardientemente quisiéramos inculcar en las almas de todos nuestros lectores y amigos, a imitación de esa admirable santa de nuestros tiempos, Teresita del Niño Jesús, que desde los claustros de Lisieux derramaron sobre todas las misiones del mundo la lluvia de rosas de los afectos, de las plegarias, de los sacrificios de su corazón, con el anhelo de ganar almas para Dios.

Virgen de Aguas Vivas

A la Virgen de Aguas-Vivas, Patrona de Carcagente

EN EL VII CENTENARIO DE SU HALLAZGO (16 oct 1250)

¿Queréis saber por qué de todo el mundo
la tierra más fecunda es Carcagente,
y es de beldad y luz, faro esplendente,
y de dicha y de amor, un mar profundo?

¿Queréis saber por qué su agua tan pura
da ser y vida a bellos naranjales,
a sazonados frutos... y a rosales
que exhalan su fragancia y su hermosura?

Porque la dulce Madre de Aguas Vivas
—lindo estuche de gracias expresivas—
hasta que la encontrara un labrador,
fecundó sin cesar toda su tierra...

Desde entonces virtud y gracia encierra
y es de España y del mundo, la mejor...

Fr. Bernardino Rubert, ofm

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